EL SUEÑO DEL BEBÉ. EN OSTEOPATÍA EN ALICANTE

 

 

 

 

 

 

EL SUEÑO DEL BEBÉ

 

La manera de dormir de los niños va cambiando a medida que se produce su maduración. Es un proceso madurativo al igual que caminar o controlar esfínteres.

Cuando las matronas realizamos un “monitor” (monitorización fetal no estresante) a las madres que están en el último mes de su embarazo, ellas comprenden perfectamente que los bebés duermen pequeños periodos de tiempo de 30 minutos o 1 hora y después despiertan un periodo parecido. Y esto se va sucediendo a lo largo de todo el día. Y las mamás lo entienden porque lo sienten. Notan que su bebé está despierto porque sienten sus movimientos y después pasan otro rato que no se mueve a penas.

Cuando el recién nacido nace se comporta según ese mismo patrón de sueño y comienza a alimentarse del pecho de manera muy frecuente, siendo normal que haga entre 8 y 10 tomas en total, con intervalos de sueño entre las tomas.

A medida que van creciendo, sus ritmos de sueño van cambiando progresivamente y con variaciones de unos niños a otros.

Solo a los 5-6 años se consigue un patrón de sueño muy similar al del adulto.

Respetar las etapas evolutivas de los niños es fundamental para su desarrollo cerebral y emocional.

De la misma manera que nos parecería absurdo y nada recomendable, o incluso peligroso, empeñarnos en que un niño coma sólidos si no tiene dientes, ni ponerlo de pie para que camine con 6 meses por ejemplo, es descabellado pensar que con técnicas de adiestramiento podemos entrenar al cerebro del bebé a dormir sólo por la noche y un montón de horas seguidas.

De la misma manera me parece una barbaridad dejar a un niño llorar y llorar sin atenderle. Cuando una persona llora, lo mínimo es acompañarla.

Los bebés y los niños pequeños necesitan muchas veces compañía para dormirse, necesitan sentirse acompañados en sus despertares nocturnos, necesitan abrazos, caricias, que su mamá o su papá les cante una nana, que le cuenten un cuento, que le acunen.

Tener hijos no es lo mismo que ser padres. Educar, acompañar y respetar a los hijos en su proceso de crecimiento y maduración nada tiene que ver con adiestrarlos.

Si una mamá está agotada porque pasa malas noches con su bebé, no necesita ningún libro para “enseñarle a dormir”. Lo que necesita es ayuda de otro adulto que la descargue de tareas para poder dormir durante el día.

POR: ISABEL ROBLES MARTÍNEZ (MATRONA)

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